En este contexto, es fundamental comprender que el trabajador no es responsable de no poder llegar a su lugar de trabajo. La interrupción del transporte público constituye una causa ajena a su voluntad y está contemplada dentro del principio de que el empleador asume el riesgo de la actividad.
Cuando el transporte público se detiene, el trabajador queda imposibilitado de llegar a su puesto.
Esa imposibilidad:
• no es voluntaria,
• no es negligente,
• no es sancionable,
• y no puede generar descuentos injustificados.
Causa ajena a la voluntad del trabajador
La doctrina laboral y la jurisprudencia coinciden en que el trabajador no puede ser responsabilizado por hechos externos que impiden su presencia física en el lugar de trabajo.
Esto incluye:
• paros de transporte,
• cortes de ruta,
• interrupciones del servicio por motivos técnicos,
• emergencias que afecten la movilidad.
En un paro de transporte, las empresas tienen la responsabilidad de garantizar que sus empleados puedan cumplir con su jornada, porque el riesgo empresario no puede trasladarse al trabajador.
Las alternativas razonables incluyen:
- ofrecer medios de traslado alternativos,
- reorganizar horarios de ingreso y salida,
- permitir modalidades de trabajo remoto cuando sea posible,
- reconocer los gastos extraordinarios de movilidad que el trabajador haya debido afrontar.
El trabajador debe avisar que no podrá asistir debido al paro de transporte.
Lo ideal es hacerlo por email, porque:
- queda registro,
- tiene validez documental,
- evita discusiones posteriores,
- permite adjuntar comprobantes.
Si el trabajador realiza gastos extraordinarios para intentar llegar al trabajo (taxi, remis, aplicaciones de movilidad, etc.), debe:
- guardar el comprobante,
- entregarlo a la empresa,
- quedarse con una copia,
- enviarlo por email para que quede constancia.
Esto es fundamental para que la empresa pueda reconocer y reembolsar esos gastos.
Todo debe quedar documentado:
- aviso de imposibilidad de asistir,
- comprobantes de gastos,
- respuestas de la empresa,
- cualquier instrucción recibida.
• descuentos indebidos,
• sanciones injustificadas,
• cuestionamientos posteriores.
Aunque el paro afecte la rutina diaria, es fundamental comprender y acompañar a los compañeros que están luchando. Lo que se defiende en un sector termina protegiendo a toda la clase trabajadora.