Belgrano I y el camino argentino hacia la soberanía bicontinental
El 18 de enero de 1955 marcó un antes y un después en la historia antártica argentina. Durante el gobierno de Juan Domingo Perón y bajo el liderazgo del Coronel Hernán Pujato, Argentina inauguró la Base Belgrano I sobre la barrera de hielo Filchner, en el extremo sur del mar de Weddell. No fue solo una construcción en el hielo: fue una demostración de capacidad, coraje y visión estratégica. Con una dotación de 14 hombres que levantó la base en apenas 15 días, Belgrano I se convirtió en la primera instalación nacional al sur del Círculo Polar Antártico y, durante su primer año, en la base más austral del mundo.
Su creación respondió a un contexto global marcado por la Carrera Antártica de la Guerra Fría, donde la presencia efectiva era clave para sostener derechos y proyección científica. Belgrano I abrió camino a investigaciones pioneras en meteorología, geodesia y ciencias polares, y sentó las bases para el desarrollo del actual sistema argentino de 13 bases —7 permanentes y 6 temporarias— distribuidas en todo el Sector Antártico Argentino.
Esta presencia no es simbólica: es estratégica. Argentina mantiene la ocupación continua más antigua del mundo en la Antártida desde 1904, cuando asumió la Estación Orcadas. Esa permanencia, sumada a la cercanía geográfica y a la continuidad natural del territorio, sostiene nuestra posición dentro de la Antártida Americana, una región donde existen reclamos superpuestos con Chile y donde Reino Unido y Estados Unidos mantienen intereses históricos.
El Territorio Antártico Argentino duplica la superficie continental del país, consolidando a la Argentina como una verdadera nación bicontinental. Y esta condición adquiere aún más relevancia mirando hacia 2048, cuando el Protocolo de Madrid —que protege a la Antártida como reserva natural y prohíbe la actividad minera— habilite su primera revisión. No implica cambios automáticos, pero sí abre la puerta a debates internacionales donde la presencia científica, logística y diplomática sostenida será determinante.
Belgrano I fue, y sigue siendo, un símbolo de esa voluntad argentina de estar, investigar y construir futuro en el continente blanco. Más de un siglo después del inicio de nuestra presencia permanente, la Antártida continúa siendo un espacio donde la ciencia, la cooperación y la soberanía se ejercen con hechos.